Llegaste repentina y poderosa, con tus ruidos y relámpagos como tormenta de verano. Acampaste en la tibieza de mi alma, intensa y duradera como nevada asesina.
En el reflejo gris del otoño pintaste sueños de colores, albergando fantasías en el contorno de tus labios.
Nena jurame que la espera no causará la muerte, que la huída esta vez se ausentará y que tus palabras asesinas serán para otros.
Y que el miedo de perderte no será más que un síndrome tenebroso del pasado.
Tu sonrisa, regalo de los dioses, que hoy me otorga este presente embriagado de futuro.
Te descubro como un libro inacabable de alegrías.
Como un poema que verso por verso llena el momento.
Tu momento y mi momento.
El instante que es eterno.



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