Ayer soñé, pero lo hice a lo grande. Me encontraba un amor perdido, que nadie había querido todavía.
Lo metía en mi bolsillo, lo apañaba con mi abrigo, lo encerraba en mi habitación. Lo callaba con la almohada, lo abrazaba con el alma, lo llamaba, lo extrañaba, lo perdía y lo volvía a tener.
Un amor seco de cariño, excento de caricias, absuelto de amor, virgen de sueños y proyectos.
Un amor gigante pero compacto, de esos que cobijan en invierno.
Era algo sobrenatural, algo difícil de encontrar, pero era mío. Contra todos mis destinos, era mío.
Yo me lo había encontrado, lo había cuidado durante días esperando su recuperación...Entonces era lo correcto reclamarlo. ¿No?
Era un amor de esos que duran para siempre, que vencen el paso de los años...amores inmortales si los hay.
Era un amor tan sobrenatural que rejuvenecía el tiempo, que hacía crecer rosas donde había grietas, que regalaba soles donde había nieve, temple donde había ira y guerra.
Soñé que era el único que poseía un amor así, que había sido elegido para cuidarlo.
Soñé también que dejaba de soñar, soñé con nunca despertar...¿para qué? Si así estoy bien.
Pero..."los sueños, sueños son" - escuché cuando desperté.