Es de noche ya, bastante tarde tal vez, y el sueño todavía no se apodera de mí.
La almohada cansada de sostener mi cabeza y las sábanas desordenadas, me gritan que me quede quieto de una vez.
Un tenue haz de luz se cuela por la ventana y, como esquivando la cortina, me pega en la cara.
¡Que atrevido! ¡Justo cuando mas cerca estaba de conciliar el sueño venís a molestarme y plantar en mi un insoportable insomnio de madrugada!
Sin embargo, la comodidad del colchón no me permite juntar fuerzas suficientes como para levantarme a cerrar la cortina y solucionar mi problema.
O tal vez sea el miedo de quedarme a oscuras.
Trato de esquivarte, de taparme con las sabanas que, ya cansadas de tanto moverlas, se desprenden y caen a un costado de mi cama.
En el intento de sacarte de mi vista, lo único que hago es seguir sin poder dormir.
Me incomodo, me enojo, me levanto y cierro la cortina.
Me quedo a oscuras, te odio.
Continuará...
La almohada cansada de sostener mi cabeza y las sábanas desordenadas, me gritan que me quede quieto de una vez.
Un tenue haz de luz se cuela por la ventana y, como esquivando la cortina, me pega en la cara.
¡Que atrevido! ¡Justo cuando mas cerca estaba de conciliar el sueño venís a molestarme y plantar en mi un insoportable insomnio de madrugada!
Sin embargo, la comodidad del colchón no me permite juntar fuerzas suficientes como para levantarme a cerrar la cortina y solucionar mi problema.
O tal vez sea el miedo de quedarme a oscuras.
Trato de esquivarte, de taparme con las sabanas que, ya cansadas de tanto moverlas, se desprenden y caen a un costado de mi cama.
En el intento de sacarte de mi vista, lo único que hago es seguir sin poder dormir.
Me incomodo, me enojo, me levanto y cierro la cortina.
Me quedo a oscuras, te odio.
Continuará...



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